Cada 14 de enero el corazón de Venezuela es Barquisimeto. La Divina Pastora, advocación mariana profundamente arraigada en el alma larense, sale de su santuario en Santa Rosa para encontrarse con su pueblo en una de las manifestaciones de fe más conmovedoras y multitudinarias del planeta, considerada la tercera peregrinación mariana más grande del mundo, solo superada por Guadalupe, en México, y Fátima, en Portugal.

La historia de esta devoción tiene raíces antiguas y universales. Su origen se remonta a Sevilla, España, cuando a inicios del siglo XVIII el fraile capuchino Fray Isidoro de Sevilla tuvo un sueño revelador: la Virgen María vestida de pastora, rodeada de ovejas, portando un cayado y protegiendo a su rebaño de las acechanzas del mal. Aquella visión dio origen a una imagen que pronto trascendió fronteras, impulsada por la misión evangelizadora de los frailes capuchinos en Europa y América.

A Venezuela llegó a inicios del siglo XVIII y fue en Santa Rosa del Cerrito, estado Lara, donde la Divina Pastora decidió quedarse. Un hecho que la tradición reconoce como milagroso -cuando la imagen se negó a ser trasladada y su cajón se volvió imposible de levantar- y selló para siempre su vínculo con este pueblo. Desde entonces, sacerdotes, frailes y fieles han custodiado una devoción que ha crecido con el paso del tiempo, alimentada por la fe sencilla y profunda de generaciones.

Momentos históricos reforzaron este amor mariano. El terremoto de 1812, que destruyó el templo de Santa Rosa dejando intacto el nicho de la Virgen, y el milagro del cese de la epidemia de cólera en 1856, tras el sacrificio del padre José Macario Yépez, marcaron para siempre la memoria colectiva de Barquisimeto. Desde aquel 14 de enero, la Divina Pastora comenzó a caminar cada año hacia la ciudad como símbolo de protección, consuelo y esperanza.

La procesión, que recorre más de 7,5 kilómetros, es hoy un acontecimiento espiritual, cultural y social de enorme impacto. Millones de devotos acompañan a la Virgen en su trayecto desde Santa Rosa hasta la Catedral Metropolitana, entre cantos, oraciones, promesas, lágrimas y agradecimientos. Año tras año, más de cuatro millones de personas se congregan para caminar con ella, confirmando que su presencia trasciende lo religioso y se convierte en un acto de identidad nacional.

La Divina Pastora también dinamiza la vida de la ciudad, impulsa el turismo, fortalece la economía local, inspira el arte, la música, la danza y la solidaridad. Enero se convierte en el mes de mayor movimiento comercial para Barquisimeto, superando incluso la temporada navideña. Su imagen, vestida con trajes confeccionados por manos agradecidas y diseñadores de renombre, es símbolo de belleza, respeto y devoción, muchos dicen, con orgullo, que no hay mujer en Venezuela con un guardarropa tan diverso y valioso como el de la Divina Pastora.

Ni los atentados vandálicos ni las distancias han logrado quebrar esta fe. Desde distintas partes del mundo, comunidades de venezolanos organizan procesiones en su honor, llevando consigo un pedazo de Lara y de Venezuela. Sevilla, Miami, Lima, Santiago y otras ciudades han sido testigos de cómo la Divina Pastora une a su pueblo más allá de las fronteras.

Hoy, al verla caminar nuevamente por las calles de Barquisimeto, la Divina Pastora no solo visita a su pueblo, lo abraza, lo reconcilia y lo fortalece. Es madre, guía y refugio. Es historia viva, fe que se hereda y orgullo larense que se siente en el alma. Porque mientras ella camine, Lara camina con esperanza.

Lcda. Mariafernanda Martínez 

Lcdo. Fernando Martínez
CNP: 11.805