Nacido el 26 de octubre de 1864 en el pequeño pueblo andino de Isnotú, estado Trujillo, José Gregorio Hernández fue más que un médico brillante: se convirtió en símbolo de compasión, fe y servicio al prójimo. Su vida —entregada a la ciencia, la educación y la religión— lo llevó a ser reconocido como el primer santo venezolano, canonizado oficialmente por el papa León XIV el 19 de octubre de 2025.

Un pionero de la medicina venezolana

Hijo de Benigno María Hernández y Josefa Antonia Cisneros, creció en el seno de una familia profundamente católica. Su talento académico fue evidente desde joven. Con apenas 13 años viajó a Caracas para cursar estudios en el Colegio Villegas, donde egresó como bachiller en Filosofía.

A los 17 años ingresó a la Universidad Central de Venezuela (UCV) para estudiar Medicina. Su desempeño excepcional lo convirtió en uno de los alumnos más destacados de su generación. En 1888 obtuvo el título de doctor en Medicina, dominando además varios idiomas —entre ellos francés, inglés, alemán e italiano— y estudios en filosofía y teología.

Tras su graduación, rechazó una oferta para abrir un consultorio en Caracas y decidió volver a Isnotú, movido por su vocación de servicio:

“En mi pueblo no hay médicos. Mi puesto está allí, entre los míos”, escribió entonces a su rector.

En 1889 fue becado para especializarse en Francia, donde estudió Microbiología, Patología, Embriología y Fisiología Experimental. A su regreso, introdujo el primer microscopio médico en Venezuela, modernizando el Hospital Vargas y fundando las cátedras de Histología, Bacteriología y Fisiología Experimental en la UCV. Fue también el primer científico venezolano en publicar un trabajo académico sobre bacteriología, en 1906.

La fe como vocación

En 1907 decidió dedicar su vida a Dios e ingresó en la Orden de San Bruno en Italia, aunque una enfermedad lo obligó a regresar a Venezuela. Años más tarde, intentó nuevamente la vida religiosa en Roma, sin éxito debido a su frágil salud. Finalmente, se unió a la Orden Franciscana Seglar, continuando su misión espiritual desde Caracas mientras ejercía como médico y profesor.

Su entrega y humildad le valieron el apodo de “el médico de los pobres”, pues atendía gratuitamente a quienes no podían pagar, muchas veces costeando los medicamentos con sus propios recursos.

Una muerte trágica

El 29 de junio de 1919, mientras se dirigía a atender a una enferma en La Pastora, fue arrollado accidentalmente por un automóvil en la esquina de Amadores. Tenía 54 años. El doctor Luis Razetti, su colega y amigo, certificó su fallecimiento por fractura de cráneo. Caracas entera acompañó su sepelio, y su féretro fue cargado por sus discípulos desde la Universidad Central hasta el Cementerio General del Sur.

El camino hacia los altares

Su causa de canonización comenzó en 1949. En 1972, el papa Pablo VI lo declaró Siervo de Dios, y en 1986 Juan Pablo II lo reconoció como Venerable. Décadas después, el papa Francisco aprobó en 2020 el milagro atribuido a su intercesión: la curación de Yaxury Solórzano, una niña venezolana de 10 años que sobrevivió a un disparo en la cabeza.

El 30 de abril de 2021 fue beatificado en Caracas, en una ceremonia que reunió a miles de fieles. Finalmente, en febrero de 2025, el Vaticano anunció su canonización equipolente, un procedimiento que permite declarar santo a un fiel sin la necesidad de un segundo milagro comprobado.

Con este reconocimiento, José Gregorio Hernández se convierte en el primer laico y primer hombre venezolano en alcanzar la santidad. La ceremonia de canonización, presidida por el papa León XIV, se celebrará el 19 de octubre de 2025 en el Vaticano, junto con la madre Carmen Rendiles, también venezolana.

Legado científico, humano y espiritual

Además de su obra médica, José Gregorio fue autor de textos como Elementos de Filosofía y Elementos de Bacteriología, actualmente exhibidos en el Museo del Libro Venezolano. Su legado se conserva en múltiples instituciones que llevan su nombre, entre ellas hospitales, universidades y fundaciones de salud y asistencia social.

Su imagen, reproducida en murales, esculturas y templos de todo el país, se ha convertido en un símbolo nacional de esperanza. Desde su natal Isnotú hasta las calles de Caracas, miles de devotos siguen pidiendo su intercesión y agradeciendo los favores recibidos.

José Gregorio Hernández trascendió el tiempo y la ciencia. Su vida ejemplar unió la fe, la medicina y el servicio al prójimo, dejando una huella profunda en la identidad venezolana. Hoy, su santidad oficial no hace más que confirmar lo que por generaciones ya creía su pueblo: que el “médico de los pobres” siempre fue, en esencia, un santo.

Lcdo. Fernando Martínez
CNP: 11.805