Cada 13 de junio, Venezuela honra a uno de los santos más queridos de la Iglesia católica: San Antonio de Padua. En el estado Lara, esta devoción se manifiesta de forma única a través del Tamunangue, una expresión cultural y religiosa profundamente arraigada en la identidad del pueblo larense y reconocida como Patrimonio Cultural de Venezuela.

     Esta tradición se convierte en una mezcla de fe popular, música, danza y promesas cumplidas. La celebración, que combina lo espiritual con lo festivo, tiene como epicentro localidades como El Tocuyo, cuna histórica del Tamunangue, así como Barquisimeto, capital larense, donde cada año los fieles rinden homenaje al santo entre cánticos, procesiones y el característico «baile de los negros».

¿Quién fue San Antonio de Padua?

     San Antonio, nacido en Lisboa en 1195 con el nombre Fernando Martim de Bulhões, fue un fraile franciscano conocido por su elocuencia al predicar, su sabiduría teológica y su cercanía con los más humildes. Canonizado menos de un año después de su muerte en 1231, es invocado por fieles de todo el mundo para encontrar objetos perdidos, pedir por buena salud o encontrar pareja, lo que lo ha convertido en uno de los santos más invocados en América Latina.

     En Venezuela, su devoción se expandió desde la época colonial, especialmente en los estados occidentales como Lara, Trujillo, Portuguesa, Yaracuy y Falcón, donde las manifestaciones populares se entrelazaron con las expresiones religiosas tradicionales.

El Tamunangue: un canto de fe y resistencia

     Más allá del fervor católico, el Día de San Antonio de Padua también es una fecha clave para la identidad cultural larense. El Tamunangue es una expresión artística y devocional que integra música, danza, poesía, vestimenta tradicional y religiosidad popular, y que se realiza en agradecimiento por milagros concedidos o como promesa al santo.

Esta manifestación consta de siete danzas o “sones” que incluyen:

  • La Bella

  • El Galerón

  • El Chichivamos

  • El Poco a poco

  • La Perrendenga

  • El Seis Figuriao

  • La Batalla (pieza central, ejecutada como acto simbólico durante la procesión)

     El ritual comienza con el rezo de la Salve en honor a la Virgen y puede extenderse durante varias horas. Las danzas se interpretan con acompañamiento de instrumentos tradicionales como el cuatro, el cinco (también llamado quinto o lira), el tiple, el tambor y las maracas. Las letras y melodías combinan elementos del folclore criollo, la tradición española y huellas afrodescendientes, lo que revela la rica mezcla cultural de la región centro-occidental.

Una tradición viva que une generaciones

     El Tamunangue no es solo un acto de fe: es también una escuela comunitaria de valores, música y resistencia cultural. Familias enteras se involucran en los preparativos; los niños aprenden desde pequeños los sones y movimientos; los adultos mayores resguardan la memoria colectiva. La promesa, el canto, el baile y la oración son parte de un mismo acto sagrado.

      Para muchos, esta celebración es un momento de reencuentro con la espiritualidad, la herencia cultural y la identidad regional. “San Antonio es milagroso, y el Tamunangue es nuestra manera de agradecerle con lo mejor que sabemos hacer: música, danza y devoción”, expresa Carmen Castillo, cultora tradicional de El Tocuyo.

Una manifestación con proyección nacional e internacional

     Gracias a su relevancia cultural, el Tamunangue ha sido incluido en el inventario del patrimonio cultural inmaterial de Venezuela. Además, su estudio ha sido promovido por universidades, museos y centros de investigación etnográfica.

      Esta festividad también ha cruzado fronteras: comunidades venezolanas en el exterior han comenzado a replicar la celebración, especialmente en ciudades como Miami, Madrid y Bogotá, donde los migrantes encuentran en San Antonio una forma de mantener vivas sus raíces.

Hoy, Venezuela baila y canta en honor a San Antonio de Padua, el santo de los milagros. Y en Lara, su legado se expresa con cada golpe de tambor, cada paso del Tamunangue y cada promesa cumplida. Una tradición que no solo sobrevive, sino que florece con el alma de su pueblo.

Lcdo. Fernando Martínez
CNP: 11.805