Con las maracas en mano, Manuel Alejandro Rangel no solo crea música: crea puentes entre generaciones, territorios y saberes. Su interpretación es un ritual íntimo, casi espiritual. Con los ojos cerrados y una danza precisa de los brazos, transforma el sonido del instrumento en una experiencia visual, sensorial y emocional. “A veces siento que hago un katá con las maracas”, dice, en referencia a su formación en kárate. Su vínculo con este par de sonajeros va más allá de lo técnico: “la maraca es una extensión de mi cuerpo, y también de mi alma”.

Rangel, de 38 años, es guitarrista clásico, compositor, maraquero, investigador y divulgador. Pero sobre todo, es un hombre con propósito: enseñar, preservar y trascender. Ha dedicado más de dos décadas a sistematizar la ejecución de este instrumento tradicional, a explorar su historia y a honrar a quienes lo construyen con maestría.

Una exposición para honrar a los luthiers

Este año, Rangel decidió rendir homenaje a Jorge Linares, conocido como “Mazamorra”, maestro constructor de maracas con más de cinco décadas de experiencia. La exposición que ha curado reúne 18 piezas creadas por él, parte de una colección personal que asciende a 30, e incluye también instrumentos de otros reconocidos luthiers.

“Estas maracas no son solo objetos sonoros, tienen alma, carácter, historia. Representan una estética, una evolución técnica y una conexión con lo ancestral”, afirma Rangel. Las piezas muestran una diversidad de maderas, incrustaciones, colores y semillas que dan una sonoridad particular a cada instrumento. Algunas han sido expuestas en el Museo de Instrumentos Musicales de Phoenix, el más grande del mundo en su especialidad.

La exposición incluye también maracas rituales de etnias venezolanas y aspira a convertirse en una muestra itinerante, primero en Venezuela y luego en pequeñas galerías de Europa.

Música, pedagogía y diplomado universitario

Además de su labor artística, Rangel ha sido pionero en crear una metodología formal para aprender a tocar maracas. Tras diez años de investigación, publicó “5 movimientos son la clave”, una obra en dos tomos que incluye cientos de videos demostrativos y que ha tenido gran aceptación fuera del país.

Su próximo paso es inédito: el primer diplomado universitario en maracas venezolanas, fruto de una alianza entre la Universidad Fermín Toro y el Conservatorio Vicente Emilio Sojo. El programa, de ocho meses y con modalidad semipresencial, estará disponible para estudiantes de cualquier parte del mundo. Los participantes accederán a una plataforma digital con más de 300 videos, partiendo de la experiencia pedagógica desarrollada por el propio Rangel.

“Más allá de formar maraqueros profesionales, quiero que las personas comprendan el valor simbólico, técnico y cultural de este instrumento. Que lo conozcan con conciencia”, dice.

Persistencia, identidad y visión de futuro

A lo largo de su carrera, Rangel ha compartido escenarios con figuras como Cecilia Todd, Aquiles Báez y Alfredo Naranjo. Ha sido premiado, nominado al Grammy y ha representado a Venezuela en múltiples escenarios internacionales. Pero, asegura, sus mayores satisfacciones vienen de enseñar, de crear comunidad, y de ver cómo su trabajo despierta interés en nuevas generaciones.

Rangel no emigró. Decidió quedarse, crear desde Venezuela y hacer del arte popular una herramienta de transformación. Su visión se apoya en la disciplina aprendida en la academia, el espíritu emprendedor heredado de sus padres comerciantes y la pasión inquebrantable por la música de raíz.

Ahora se prepara para una gira por siete ciudades europeas —Praga, Berlín, Colonia, Leipzig, Hamburgo, Valencia y Barcelona— junto al pianista Baden Goyo, con quien busca seguir internacionalizando la sonoridad de las maracas.

Un archivo vivo

Además de la exposición y el diplomado, Rangel trabaja en otro proyecto clave: la documentación audiovisual de los grandes luthiers de maracas en Venezuela. Ya ha publicado dos videos sobre Jorge Linares, y planea sumar la historia de Máximo Teppa y Lorenzo Alvarado. Su meta: preservar y divulgar estas técnicas para las próximas generaciones.

“Estoy convencido de que llegará un momento en el que ya no se fabriquen maracas como las de ‘Mazamorra’. Por eso, quiero que su conocimiento no se pierda. Es un deber compartir lo que otros nos han transmitido”, concluye.

Lcdo. Fernando Martínez
CNP: 11.805